Una reflexión desde las aulas sobre el futuro de la educación
“No se vale usar ChatGPT.”
“Utilicen fuentes confiables.”
Escucho esto en aulas de todo México y cada vez pienso lo mismo: ya es tarde para prohibir. La pregunta real es si vamos a enseñar a usar estas herramientas bien, o si vamos a fingir que no existen mientras los estudiantes las usan mal en secreto.
Soy Aldo. Estudio Negocios Internacionales, construyo SEVA, y uso Inteligencia Artificial todos los días. No para reemplazar mi criterio, sino para amplificarlo.
La habilidad más valiosa del siglo XXI no es memorizar. Es aprender a aprender. Y para eso, la IA es la mejor "herramienta" que hemos tenido. Google lanzó NotebookLM. Claude tiene memoria contextual. Perplexity verifica fuentes en tiempo real. Estas no son calculadoras de palabras. Son sistemas que razonan, contrastan y ejecutan. En lo absoluto nos reemplazan, todo lo contrario, nos obliga a ser más humanos.
El debate está atrapado entre prohibir o idolatrar.
Prohibir es un atajo tentador que empuja la IA a la clandestinidad y condena al estudiante a la irrelevancia. La tercera vía es más difícil: enseñar a orquestar. Conversar con modelos sin obedecerlos, donde se mida la comprensión, no la velocidad.
Así se ve en la práctica. Un estudiante cruza diez reportes anuales con IA, encuentra patrones en días en lugar de semanas, verifica cada cifra en fuentes primarias y escribe con su voz. La herramienta aceleró. El aprendizaje fue suyo. Una ingeniera alimenta datos a un modelo, recibe tres configuraciones que nunca había considerado, simula, elige, documenta. El cálculo se multiplicó. La responsabilidad siguió siendo humana.
A las universidades de México les digo esto con respeto: celebro esfuerzos como el Manifiesto IAGen de la Universidad Veracruzana, pero lo que fue prudente en marzo necesita actualizarse. Ya no trabajamos con complejas calculadoras probabilísticas… ahora estamos trabajamos con sistemas que ven, escuchan, programan y detectan contexto.
Lo que hace falta no es complicado. Necesitamos espacios donde cualquier estudiante aprenda a verificar fuentes, citar procesos y documentar decisiones. Talleres con problemas reales, no ejercicios de libro. Profesores que experimenten junto a sus alumnos, no que improvisen solos. Y sobre todo, criterios claros porque lo ético en Derecho no es lo mismo que en Medicina o Arquitectura.
Desde SEVA aprendí algo simple: la técnica sin sentido aburre y el sentido sin técnica se queda en promesa. Por eso no construyo vitrinas, construyo puertas. No vendo manuales, acompaño procesos. Las universidades deberían hacer lo mismo: no dar acceso pasivo a herramientas, sino formar el criterio para usarlas bien.
La ventana se cierra.
En dos años todas las instituciones dirán que integraron IA. Algunas lo habrán hecho de verdad, formando estudiantes que usan herramientas sin perder su voz. Otras solo habrán puesto un logo.
Los primeros atraerán a los mejores estudiantes, profesores y aliados. Los segundos seguirán preguntándose por qué sus egresados no consiguen empleo.
Prefiero ser early mover. No por prisa, sino por responsabilidad.
Si esto te movió, actúa: abre la conversación, trae un caso real, da permiso para empezar. Abrimos la puerta. Cruzamos. Ajustamos. Lo demás viene después. Como siempre que alguien se atreve primero.
No estamos en los primeros días de la IA. Estamos en los últimos días de competir sin ella.
¿Serás de los que transforman o de los que justifican el retraso?
La puerta está abierta. Quién no cruza, pronto se queda mirando desde el otro lado.
¿Comenzarás hoy? El futuro compite sin excusas.





